Mi sento nuda senza pianoforte [Misión]

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Mi sento nuda senza pianoforte [Misión]

Mensaje  Lorelei Coratella el Sáb Abr 21, 2012 6:14 pm

Esto es lo más extraño que me podría haber sucedido, jamás. Jamás. Ni siquiera el haber conocido a Sir Cormag de la forma tan casual en la que lo conocí se le puede asemejar. El domingo por la mañana no salí de la cama, me dolía todo, y… No es que me avergüence de lo que hice, al fin y al cabo, lo hice en exclusiva para mejorar como artista. Pero sí que me recorre una extraña sensación cada vez que pensaba en ello. Decidí tomarme ese día de descanso, y no acudir a las salas. Por más que echase de menos al piano. Me tomé el dia, pues, con tranquilidad. Desayuné leyendo un libro, para media mañana ya me lo había terminado, así que me senté en uno de mis sillones de lectura, y continué con otro libro. Y así pasó mi dia, sumergida en caballerías, suspirando por amores perfectos y principescos, y comiendo lo que me placía, y cuando me placía. Incluso la ducha que me tomé, fue laaaaarga y relajante, como hacía tiempo que no me las daba. Dormí como los ángeles.

Eso sí, el lunes ya no pude resistirme más, y tras desayunar con tanta calma como pude, me vestí con uno de mis vestidos normales, aunque algo más veraniego que de costumbre. Salí ilusionada a reencontrarme con el instrumento y la música de mis pasiones. Cuando ya tenía en mano la llave de la sala de música, y caminaba con total tranquilidad hacia ella, me detuvo un gran, alto rubio, con el pelo en una melena abundante. En un principio, casi me ilusioné y todo,... Pero no era Cormag. Era uno de los que habían asistido al concierto, el sábado, y me había visto tocar. Cuando logré recuperarme del susto que me había metido, me explicó que preguntó por mi a la banda, y ellos le dijeron quién era yo, y donde me podría encontrar. No me molestó, porque no es que les hubiese dicho que mantuviesen mi identidad oculta, pero... Supongo que me asustó un poco la idea de hacerme famosa fuera de los círculos en los que estoy acostumbrada a tocar. Desde el domingo me andaba buscando, por lo visto. Dijo que él creía que mi voz podría dar para más, para mucho más de lo que había mostrado en una sola canción, tan simple como fue aquella. Trató de convencerme, por activa y por pasiva, y se me hizo más y más difícil decirle que no.

Al final, tan tímida como siempre, no pude menos que sonrojarme hasta la raíz del pelo, y aunque se me encogió el espíritu, no me dejé avasallar. Nos sentamos a hablar en la sala de mi piano de siempre, el de cola, lacado en negro y abrillantado con frecuencia. Calmándose un tanto más, al darse cuenta de que me estaba asustando con su actitud, se explicó con más tranquilidad. Él tenía un grupo, y estaban de pasada en la ciudad, buscando un buen mánager. Pero durante los viajes, y debido a cambios de temperatura bruscos y demás, la cantante estaba enferma, y me pedían que la sustituyese. Ya habían cancelado los conciertos del fin de semana (cancelación que aprovechó el grupo con el que toqué el sábado, todo sea dicho) y el que tenían el miércoles, pero para el viernes, me dijo, ya me tendrían lista para sustituir a su cantante.

Apabullada, le pedí primero que me enseñase alguna que otra grabación, para ver si tenía coherencia o no en lo que me pedía. Sacó entonces su disco, que aunque no estuviese patrocinado por ningún sello, estaba bastante bien montado. Me enseñó dos canciones y media, y el estilo que tenían, me recordó bastante al de Nicolas. Y, tenía razón, tanto mi voz como la suya llegaban al mismo registro. Soy mezzosoprano, y su cantante también, y en cuanto se lo confirmé, se lanzó a abrazarme. Llamó a su banda en cuanto intuyó que yo daría un sí, y antes de que pudiera negarme, ya estaban todos allí. Un pianista, dos guitarras, un bajo, un batería, y dos chicas coristas. Los violines eran músicos como yo, que, sin tener un grupo ni ser lo suficientemente famosos como para tocar por sí, se unían a los grupos itinerantes. Nos presentamos todos, pero sé que no me quedé con casi ningún nombre, al principio soy un poco muy torpe con estas cosas.

Lunes, martes, miércoles, y jueves, nos sumimos en unos ensayos demoníacos y agotadores. Por la mañana, ellos me enseñaban la canción, y las coristas me ayudaban a llegar a los tonos agudos que necesitábamos. Y por la tarde, repetíamos una y otra y otra vez. Obviamente, de tanto en tanto, relajábamos y descansábamos, sabían que mi voz era frágil, al no estar acostumbrada a tantísimos trabajos tan seguidos. Dado que gracias a mi, al menos darían una buena actuación en la ciudad, accedieron a que yo me llevase una porción de dinero ligeramente más grande que la de ellos. Entrené mi voz, normalmente silenciada, dado que mi pasión es el piano, y al tercer dia, aunque me ardía la garganta, ya lograba cantar lo que me pedían, sin equivocarme y sin tener ningún desliz.

Pero cuando llegó el viernes, mi alma no cabía en mi cuerpo. ¿A dónde me había visto arrastrada? Aunque el estilo fuese diferente al mio y me sirviera para ganar experiencia, no se asemejaba demasiado tampoco al de Nicolas una vez que lo había oido hasta la saciedad, y tampoco es que me sirviese demasiado... ¿No? Sin embargo, ya era demasiado tarde, y ellos estaban demasiado desesperados como para darles un simple no. Así que, suspiré y me vestí con un conjunto simple, de negro, y me preparé para subirme al escenario. Dios, los escenarios para las bandas parecen el triple de pequeños que cuando toco sola, y por poco, me da claustrofóbia o algo similar. Por suerte, tenía un micro con un pie, así que no debería moverme demasiado, lo cual en sí ya era todo un alivio. Y no estaría sola, las chicas del coro habían accedido a situarse cerca de mi, bastante más de lo que normalmente estaban respecto de la cantante.

La camaradería, mientras esperabamos, en el mismo local en el que había tocado el sábado pasado, fue muchísimo más reconfortante que la primera vez. Y además, eran bastante más miembros que la primera vez, así que todo resultaba más cálido. No hubiera podido soportar los nervios si todo el grupo no me hubiese mostrado su apoyo. Las chicas del coro incluso se ofrecieron a maquillarme, pero yo no gusto de ocultar mi piel bajo potingue alguno, aún soy joven como para necesitarlo. El guitarra, el primero que contactó conmigo, me sonrió, y me frotó cariñosamente un brazo, ante lo que me sonrojé. Por ellos, más que por mi, tomé valor y salí al escenario. Pero esto no es lo mio, no es lo mio para nada. Todas las miradas están clavadas en mi, dado que yo no soy la cara que aparecía en los carteles, y se pueden intuir lo que murmuran, curiosos, ante mi tímida figura. Aunque el mismo guitarra que había hablado conmigo y que tan cariñoso resultaba -como un buen hermano, no pensemos nada raro- lo explica desde su micro, y los susurros se calman un tanto. Miro al batería, es él el que da la señal de inicio, a la que se suman los instrumentos de cuerda. Todo fluye con naturalidad, nos hemos hecho un buen equipo.



Mi turno se me echa encima, pero logro salir airosa, comenzando con las vocales de calentamiento. Deben de ser suaves, aunque no susurradas. Dulces, por supuesto, pero nostálgicas, como si quisieran hablar de un amor olvidado o de una época mejor. De pie, con tan sólo el micro entre el público y yo, cierro los ojos para tratar de olvidar que todo el mundo me está mirando, y continúo creando armonía con mis cuerdas vocales. Las coristas se me suman, dando un suave trasfondo, y comienzo a subir el tono, preparando los acordes para comenzar a dar fuerte con las vibraciones. Lo hacemos poco a poco, con delicadeza, poniendo nuestros mejores toques femeninos, tan elegantemente como lo hemos hecho durante los largos y agotadores ensayos.

Juntas, las coristas y yo abordamos la complicada letra en inglés, que nos deja el tiempo justo para respirar, subiendo los tono cuando es necesario. Está todo muy medido, muy cronometrado. Un sólo error, y el perfecto momento que queremos crear, se caerá abajo, como un castillo de naipes. De nuevo, me toca a mi una parte sin coristas, y me esfuerzo en llegar a los tonos que se me requieren, con las guitarras y las cuerdas acompañandome, y la batería dirigiendonos a todos. Con la práctica, he logrado quitarme de encima el acento italiano que tenía al principio, y ahora sólo se oye el inglés perfecto, que he practicado incluso en casa. Silencio, sólo continúan los violines, y una de las dos guitarras.

Luego, las coristas puntúan la canción solas, dando las vocales con sincronización perfecta, mientras las ntoas siguen armónicas la melodía dictada. Se toman su tiempo, como debe ser. Sé lo que viene ahora, y menos mal. Por suerte, durante los ensayos, me he ido acostumbrando al tremendo y gurutalísimo vozarrón del guitarra, las primeras veces siempre pegaba un pequeño respingón del sobresalto. Supongo que llevará más de cinco años entrenándosela, porque después de los ensayos nunca se queda ronco. En fin. Seguro que lo está haciendo bien, por que el público se enardece cuando él canta. Me toca de nuevo, y casi me duele la belleza de mi voz cuando contrasta con la anterior brutalidad. Y sin embargo, es una simbiosis perfecta, que deja contrapuntos totalmente cerrados.

Cuando de nuevo le toca al coro, me relajo, y me animo a abrir los ojos. El público parece encantado con cómo lo estamos haciendo, saltan y nos animan, así que el guitarra pone mucha más emoción cuando entra a dar juego de nuevo con su brutalidad. Apenas llevamos poco más de media canción y ya está sudando, se esfuerza de verdad. A estas alturas, y ya lo suficientemente valiente como para tener los ojos abiertos, admiro la belleza que le causamos al espectador. Este estilo no está nada mal tampoco. El coro se da sus últimos versos, y los instrumentos se lucen, con los acordes de la canción subidos de escala musical. Casi me animo a sumarme a las puntuaciones que tienen que hacer las bellas coristas, pero sé que me tocará de nuevo dentro de poco, y no debo forzar la voz, dado que ahora estamos ya casi en el final.

Alcanzo las notas más altas en el comienzo del final, del último verso, y en cuanto yo cierro mis labios, la canción finaliza, y el público estalla en aplausos, a los que yo me sumo, porque ellos son geniales, y la banda es genial también, aunque me hayan hecho pasar una semana infernal con los ensayos a toda prisa.


_______________________________________
Piano: XLIV
Voz: XIV
Fama: LI


Destiny is the bridge you build to the person you love. Never surrender, untill finding the true meaning of "I love you"

placa&condecoraciones:





Ssshhh:

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Lorelei Coratella


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